Esta ley tuvo por fin llenar un vacío del Código en el sentido de reprimir a quien, estando autorizado para ía venta, vendía, entregaba o suministraba alcaloides o narcóticos sin receta médica, alcanzando la pena al médico que recetaba y al farmacéutico que despachaba dosis mayores que las que la farmacopea establecía. No obstante, como se verá, los hechos rebasarían las previsiones legales.